Te invito la cena

  1. Imagina que sales del cine, una noche temblorosa, con rayos y relámpagos estriando el cielo. Cuando vas llegando a la puerta de cristal, haces una reverencia y saludas a un fantasma, es una figura apenas con cara de humano. Una resurrección bondadosa sobre palomitas de maíz y pedazos de boletos cortados por mitad. Imagina que sales con toda la gente; una sala con apenas veinte personas que estuvieron cabeceando durante una cinta que ya ni recuerdas.

 

a) Imagina que te das cuenta que perdiste tu celular cuando quieres llamarle a tu novia para que te recoja afuera del cine. Con cara de ni modo, regresas con el vigilante a suplicarle que te deje pasar porque dentro de la sala está tú teléfono con todos tus contactos, juegos y cubre pantallas. El hombre te mira como si escuchara una letanía mil veces repetida. "Pásale, pero rapidito. Porque en un rato cierro la puerta."

 

b) Imagina que el vigilante es gacho. Te deja entrar y ya cuando entras a la sala, va hasta donde está el candado, cierra las puertas, apaga las luces y la oscuridad te sorprende cuando tú estás encunclillas, en busca de un celular que tenías hace un rato en la bolsa del pantalón. Lo oscuro hace que todo tu cuerpo se estremezca. Gritas para hacerte presente, pero la negrura te quita fuerza y apaga el volumen de la voz. Como puedes, llegas hasta la puerta principal y te quedas mirando la calle porque el vigilante ya se largó a comer unos tacos, a ver a la novia o a dormirse en un lugar improbable del edificio del cine.

 

c) Supón que después de hacerte el valiente comienzas a ver una sombra. La película que acababas de dormitar, (a pesar de que era de espantos y eres fanático de las cintas de horror), como un sueño recuerdas lo más pavoroso de la cinta. Los gritos y las muertes comienza a volverse reales, o de perdida, comienzas a hacerla real, porque el asesino de la cinta mata en la oscuridad. Provoca ruidos para espantar a la gente y para que la víctima, llevada por la curiosidad, se interne hasta donde cree que se produjo el ruido. Entonces tu oído se agudiza, se pone como loco, se le sube el volumen. Comienzas a escuchar el crujido de las butacas, el plástico regresando a su nivel original. Entonces todos los ruidos se amplifican; un grillo se escucha como si tuvieras una máquina montacargas a tu lado.

 

d) Supón que no eres muy gallo, no muy aventado, pero no quieres pasar como idiota toda la noche o hasta que el vigilante regrese de comer sus tacos o de dormirse la siesta. Lo mejor es salir de allí. Eso es lo único que quieres. Comienzas a pensar que existen los fantasmas, o mínimo un fantasma que no viste cuando ibas de salida. Rebobinas tu archivo mental de argumentos cinematográficos y recuerdas la película de Sexto Sentido, resaltas el meollo de que hay gente que ve muertos. En ese momento crees que tienes ese don. Que nunca lo habías experimentado y que lo mejor del caso es que ese don te sale cuando estás sólo, nadie te cree y tienes que combatir el miedo a punta de diálogos con los difuntos. Imagina que estás dispuesto a no decirle a nadie que puedes ver muertos, ni quieres ayudarlos, ni te interesa la vida prófuga de otros. Así que insistes en demostrar que eres humano y te orinas en los pantalones. Con miedo y todo te vas acercando a la luz que comienza a titilar detrás de una puerta. Si hay un fantasma entonces que se vaya al demonio. Los rezos no salen como quisieras. Pero vas. Igual y allí hay un teléfono para hablarle a alguien que te ayude a salir de esa sala de cine. Como no estás para sustos y quieres que todo salga como lo planeaste, corres hasta la puerta donde supones que hay un teléfono. Al llegar lo único que encuentras es una puerta cerrada. Te pones un poco tenso porque el plan ha fallado, entonces a patadas comienzas a querer abrir el sitio, pero lamentablemente es una puerta de seguridad reforzada contra rateros.

 

e) Suponte que ya pasado el miedo inicial, te acostumbras y además te resignas a quedarte dormido en una butaca hasta que regrese el vigilante. De plano, te decides a hablar de una vez por todas con lo que supones son espíritus que habitualmente miras cuando estás sólo. Llega la figura humana que identificaste al entrar al cine. Recorre el recinto. Y cuando le pides que te cuente la historia te dice que murió encerrado en la sala, esperando a que le abriera la puerta un vigilante imbécil que se quedó dormido en una noche de relámpagos y con el horror de las sombras murió de un infarto entre palomitas, frituras, papas y refresco. Mueres, por si no fuera chafa el argumento, de un infarto fulminante.

 

 

2. Ahora imagina que después de todo, luego de haber repasado algunas consecuencias de tu posible búsqueda del teléfono, el vigilante te prohíbe la entrada, entonces te muestras agradecido y le invitas los tacos en reconocimiento por salvarte la vida.

Desde la Moleskine.