Perdón por el espoiler


En punto de las 11:35 de la noche, debería estar dormido o por lo menos acurrucado en el lado izquierdo de la cama, mirando la zaga de The Walking Dead… así a tirones de sueño, dejando escurrir los pensamientos que mantienen la vigilia entre las estrías de mi almohada. Pero necesito escribir, o es lo que me digo cuando, en un vuelo regular, vuelvo de Júpiter y me encuentro con el miedo al “foro  blanco”. Leyeron bien. Foro blanco es aquel sitio fantasmal que existe en las ferias del libros, en concreto, en las salas de presentación de obras  y  ocurre en punto de la cita, una vez que todo está dispuesto: agua embotellada, mesa, libros; aparece una fila de sillas vacías como testigos del horror en el presentador. Esta escena se puede aderezar, con el operador de audio, inmerso en el Facebook titilante de su indiferencia.
En unas horas viajaré a Guadalajara, a la FIL a presentar el libro de los Impostores. Entre el torrente humano uno se siente desvalido. Librófilos por todos lados, en espera de encontrar la obra que calme su glotonería. Conozco esa sensación porque he estado antes allí. Como hambriento y como autor.
Iré con mi hija Sara a presentarme en cancha ajena, driblando personas ante un auditorio nuevo y desconocido. Un choque entre anónimos como piedras al vuelo.  Yo cruzo los dedos para  librar ese “foro blanco” que devora los orgullos más plantados. (Ojalá que ese foro blanco muera de una vez y me deje dormir ahora.) Después de eso, qué me importa. Tomaré la mano de mi hija y que el mundo se venga abajo.