De cerca

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Ricardo García Muñoz es un hombre que provoca siempre la dualidad emocional en quien le conoce: o le aman profundamente o le odian, también profundamente. Quizá tenga qué ver el que Ricardo mismo nunca hace las cosas “a medias tintas”. Integrante de la “Generación de la Crisis”, la que nació, creció, se reprodujo, vive y morirá con la crisis, hoy vuelve a tirar la dentellada. En 2007 se alzó con el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez, por un reportaje cultural para radio y en 2009 fue finalista del Premio Internacional de Novela “Book and you”, con la obra “Verdades como puños”.

Ricardo comenzó hace 25 años con un pasatiempo que hoy es una forma de vida. Maravillado por la prosa impecable de su amado maestro Mario Vargas Llosa, tras leer “La ciudad y los perros” sufrió una transformación que lo arrastró irremediablemente a la escritura. Fue tocado por el verbo. Desde la Universidad Iberoamericana de León, cuando estudiante, se lanzó con éxito en el proyecto literario llamado Arengador, después vendría la necesidad de escribir y verse escribiendo que escribe mientras escribía que se veía escribir… un todo por las letras a la manera de “El grafógrafo” de Elizondo. Sobre su estilo literario, se ha dicho que se caracteriza por ser mordaz y cínico, de técnica ágil y pulcritud en su forma, además de una sencillez demoledora. Sobre su estilo vivencial yo agregaría que lo define con claridad su alter ego Ramón Hortera. Luego de ser notificado de que ganó el XIX Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández por su libro de cuentos “Aleja de mí tu espada”, Ricardo cambió otra vez, sólo para ser más Ricardo. “Siempre he creído en la actitud del pescador, siempre hay que lanzar las redes y el arpón, y estar en una constante de trabajo, tener claros los propósitos que te empujan a hacer esto de la literatura que es prácticamente la vida”. “La constante significa no dejar de lado, significa -ya lo has dicho tú- trabajo, no voy a traer a las musas a sentarse aquí para que me iluminen. La inspiración, dice Sabina, ya se la han llevado otros. Yo no creo tanto en la inspiración. Y eso nos convierte en gente más propositiva, el estar trabajando no por un premio, no por una beca, no por generar X Y o Z, el trabajo te va a generar esas oportunidades luego”, son los argumentos de García Muñoz para describir su pasión por las letras.

Amante de la música y poesía de Joaquín Sabina, del vino tinto y correr, de las nuevas tecnologías, de Barcelona y la ciudad laberinto que es Guanajuato, Ricardo García Muñoz tiene en la cabeza contenido un universo de palabras que, gradualmente, han ido convirtiéndose en un maelstrom que hoy arrastra al lector hacia sus historias

Ya desde “Horterada”, su segundo libro de cuentos, se antojaba como el nuevo enfant terrible de las letras guanajuatenses, esas que hoy representa orgulloso y dignamente. Su trayectoria en ascendencia ha sido ampliamente comentada nada más ni nada menos que por el propio Fernando Macotela, director de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería y por Felipe Garrido.

El epílogo de su trayectoria es como dice una canción de Sabina: aprendió a malvivir del cuento, pintando autorretratos al portador.

E. Rangel